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martes, 11 de octubre de 2011

Un paseo nocturno

Está estrictamente prohibido fumar en House Spalek, así que tengo que salir a la calle a hacerlo. Como hoy me he echado una siesta demasiado larga, estaba pasando por un episodio de extrañamiento alucinante, así que tomé la decisión de aprovechar para darme un buen paseo. Me hice dos cigarros mientras repasaba el correo; uno para ir y otro para volver.
Salí a la calle y encendí el primero. Esta vez dejaría que mis pasos me encaminasen hacia el norte de Sindorf; según google maps, allí se acaba el pueblo. En realidad, no termina, y hoy he descuierto, que al menos en lo que se refiere a esta zona, google maps está desactualizado. Recorrí la tranquila zona residencial en la que vivo hasta el punto que conozco, y fui un poco mas allá. La carretera que representa el límite norte de Sindorf debería limitar a la izquierda en una zona de granjas. En realidad, estas ya no existen, y la urbanización tipo peli de zombis que define el límite occidental de Sindorf está creciendo; ahora mismo, es a lo que será como un feto de cuatro meses es a un joven de dieciséis años.
A estas horas de la noche es una zona sin iluminar, casas fantasmas, casas zombis que se extienden a la izquierda de la carretera. Ví algo en el fondo de la cuneta que llamó mi atención; unas luces entre la hierba ¿Sería una luciérnaga? ¿En esta época del año, con este frío? Descendí. Una bajada de dos metros con un ángulo de 45º. No es impracticable, no es siquiera una molestia, pero si no hay una buena razón para bajar, no creo que nadie lo haga nunca. Lo que había llamado mi atención eran los restos de un lampara de LEDs, que todavía brillaban; me entretuve un rato examinando el despojo. No entendía como funcionaba, no se si lo haré alguna vez, pero las diminutas bombillas seguían brillando sin ninguna fuente aparente de energía. La tiré al suelo y remonté la cuneta por el otro lado, ya que me costaba el mismo trabajo que volver a la carretera, y en este momento, prefería no seguir pisando el asfalto.
La urbanización en desarollo era un cascarón fantasma. El suelo estaba lleno de barro, y había casas completamente construidas, casas bastante avanzadas, casas en los pimeros estadíos de la edificación, cimientos, y parcelas destinadas a construir algo en algún momento. He deambulado por ahí un rato, mi primer cigarro apagado ya, reflexionando acerca del paraiso en la tierra que supondrían estas casas sin vigilancia para un equipo de gitanos trabajadores. Toneladas de aluminio, kilómetros de cobre. Luego pensé que este no parece un país en el que los gitanos le puedan vender el cobre robado a nadie. Si no hay demanda ¿Que sentido tiene ofertar? Para convertir el robo de materiales de construcción en un negocio rentable, primero había que encontrar compradores ¿Y que compradores iban a aparecer si nadie tenía intención de robar esas largas, deliciosas, caras bovinas que yacían a la intemperie?
Hacía frío y corría el viento, y a través de la urbanización en penumbra, caminé hacia el norte y hacie el este, cruzando el nuevo desarollo residencial en estado embrionario. Probé una puerta; estaban cerradas. Al final, llegué al límite de Sindorf, donde quería llegar en un principio. El cielo al norte estaba blanco, las luces artificiales se reflejaban en la panza de las nubes, y se podía ver muy bien. Era un cielo de shop'em-up antiguo, quizá el de Rise of The Trial; parecía hecho por ordenador, y parecía hecho en los 90. Las nubes se movían muy deprisa, como siempre lo hacen aquí, desde el noroeste, desde el Mar del Norte. Había tres grandes industrias, altas, cuadradas, algunos kilómetros mas adelante, separadas de mí por una amplia llanura cubierta de plantas rudearales, y aquí y allá por pequeños bosques, y por carreteras mal iluminadas. No se que fabricarían, pero sus paredes estaban forradas de luces rojas para evitar que chocasen los helicópeteros. Arrojaban al cielo tupidas nubes de mierda blanca y rojiza, funcionando de noche, cuando los ciudadanos dormían, siempre fabricando, siempre creando cosas nuevas. La mas próxima estaba a la derecha, desde donde yo miraba. La siguiente, un poco a la izquierda; la mas lejana era diminuta, y se encontraba la izquierda del todo. A ojo de buen cubero, estaban situadas sobre una línea en dirección sudeste-noroeste ¿Tal vez sobre una línea ferroviaria?
En la novela de Neuromante aparece un personaje; se trata de un cyborg alemán. Tiene la capacidad de emitir sorprendentes ilusiones holográficas. Al principio, los personajes le conocen en la ciudad de Estambul, y forma parte de su equipo. Luego, tal vez, se pasa a los malos. No lo recuerdo, pero el tío es un psicópata. Al dormir, pierde el control de las ilusiones que emite, y emite sus recuerdos; recuerdos de una infancia en un Bonn en el que ocurrió algo terrible, en la que los niños forman bandas que atacan a los viandantes. Les matan. Y les devoran. Bonn está a solo unos kilómetros al sudeste de aquí ¿Que puede pasar en Bonn para que los niños formen bandas caníbales? Viendo la pinta cyberpunk del oeste de Colonia, parece que solo un día sin televisión por cable sería suficiente. Pensé en niños caníbales recorriendo la urbanización abandonada en busca de presas. Pensé que venían a por mí. Me asusté.
Santa Bárbara tronó discretamente para recordarme que estaba demasiado lejos de la House Spalek. Un destello al noroeste sirvió como gesto para puntualizar sus palabras. Me había fumado el cigarro de vuelta, y el camino de regreso a casa se me hizo mucho mas largo que el de ida.

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