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lunes, 3 de octubre de 2011

Tercera crónica

Bueno, esta es la tercera crónica de mis movimientos por Colonia. Han pasado muchas cosas desde la segunda, pero es mejor publicar esto ahora que tengo las cosas frescas, antes de que se me olviden.
Bueno, al final de la segunda crónica estaba en el estudio de I. (a partir de ahora las personas con nombres propios van con una inicial para proteger su anonimato y su buen o su mal nombre). Andaba tranquilamente por ahí buscando piso en el internet y reconociendo un poco el panorama, cuando de repente aparece ella, entrando por la puerta. Parece preocupada, consternada y de mala hostia. Y es verdad, trae una muy mala noticia para ella en lo personal que no contaré aquí; baste decir que es lo bastante mala como para darle la vuelta por completo a su plan de vida en Colonia. Por completo. Bueno, trato de animarla un poco, y a lo largo de la tarde se le va pasando el mal humor. Por la noche salimos a echarnos unas cervezas por la calle; coincidimos con dos amigas suyas: S. y K., dos tías la mar de majas, cerca de un sitio por el que seguramente salga la gente a privar y a hacer el copro llamada BarbarrossaPlatz, supongo que en honor del pirata.
Teníamos el problema de que no conocíamos todos los mismos idiomas. Yo hablo castellano e inglés razonablemente bien, pero un alemán de mierda. I. controla el castellano y el alemán, y sabe poco inglés. Finalmente, K, procedente de Macedonia, sabe inglés y alemán, pero no tiene ni puta idea de castellano. S., que es de Jaén, se manejaba muy bien en todos los idiomas. Total, que estamos e charleta en tres lenguas que cambiaban conforme a unos principios no del todo claros, y para nada racionales en un bar punki que mola un puñao, llamado "Horrible" en alemán (ni idea de como se dice, lo he olvidado, para mí siempre será el Horrible); si alguien viene a verme algún día desde España, y esto es un inciso, le obligaré a visitar ese bar. Podría ser cualquier bar de Tribu que estuviese abierto hace cinco años y que ahora esté cerrado. Precios populares, ahorro en bombillas, baños llenos de mierda y punk alemán a piñón (que se parece mucho al español). Bueno, al final de la noche, me dice "oye, te vas a tener que ir del estudio". Esa noche podría dormir allí, pero la siguiente, la del viernes, habría de buscarme la vida como buenamente pudiese.
Hostia puta. En ese momento, me vino un miedo, un agobio y un esperrenque que casi me quedo en el sitio. S. se pira, K. se pira y nos quedamos ella y yo en el tren de vuelta a casa, callados como putas, cada uno con sus propios miedos y con sus propios agobios en la cabeza. Afortunadamente, como veremos en la cuarta crónica, rara vez la realidad está a la altura de nuestras espectativas, buenas o malas; y que, al menos por lo que a mí respecta, y por ahora, los chinos hacen muy bien al convertir la palabra "crisis" en la palabra "oportunidad".

2 comentarios:

  1. Pues si, esperemos que más que crisis tengas muchas oportunidades. Besotes

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  2. Joder, pues vaya día de sobresaltos ese, para los dos. Menos mal que leo ésto sabiendo que las oportunidades han ido presentándose ante tí, porque yo soy de las que ven la palabra "crisis" como "me voy cagar patas abajo", y me baso en datos empíricos.
    Esperando la cuarta crónica!

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